martes, 21 de julio de 2009

LOS MITOS POLÍTICOS SE GASTAN--TALCUAL--18--12--06--

Entredós
Lunes 18 de Diciembre de 2006 | Tal Cual/4
TalCual

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“Los mitos políticos se gastan”

Historiador, académico y profesor universitario, Elías Pino Iturrieta encuentra un parecido impresionante entre el presidente Chávez y José Tadeo Monagas. Ambos, dice, reformaron la Constitución para seguir en el poder, se alejaron de los partidos para sustituirlos por su clientela; y se hicieron de la vista gorda ante la frondosa corrupción

Elizabeth Araujo


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–¿A qué obedece el empeño de Hugo Chávez en venderse como el Simón Bolívar del siglo XXI?
–Yo creo que Chávez es capaz de mostrarse como parecido a cualquier personaje relativamente atractivo, si le sirve para controlar el poder.

Su escogencia de Bolívar fue la más fácil, por el tamaño del influjo del héroe en nuestra sociedad y por los sentimientos constructivos que despierta.

Quizá también porque tuvo oportunidad de consultar su pensamiento y porque es el patrón predilecto de los militares.Pero podemos ensayar la siguiente hipótesis: Chávez no admite contradicciones y de allí su elección de un personaje que sólo produce unanimidad.

–¿En todo caso encuentra parecidos entre el Libertador y el actual Presidente?
–Nada que ver. Sólo en el reino de las fantasías pudiera alguien encontrar una semejanza entre un aristócrata blanco y opulento de las primeras décadas del siglo XIX, y un sujeto que hubiese pertenecido a las castas o a los muchachos de la servidumbre, si una travesura del destino lo hubiera puesto a nacer en las postrimerías del período colonial.Pero la fantasía hace maravillas en la parcela de la revolución. ¿Acaso no se ha empeñado el oficialismo en disfrazar a Bolívar de mestizo y en convertirlo en adalid popular? Así las cosas, cualquier entusiasta del proceso se anima a considerarlos como gotas de agua.

–Si no es a Bolívar, ¿entonces a cuál personaje de la historia venezolana se parece?
–La semejanza de Chávez con José Tadeo Monagas es impresionante. Monagas reforma la Constitución para mantenerse en el poder, se aleja de los partidos políticos para sustituirlos por su clientela amical y f! amiliar; controla todos los poderes, habla de volver a los tiempos de Bolívar y pregona la integración continental sin ofrecer mayores argumentos al respecto. Se hace de la vista gorda ante una frondosa corruptela y se arriesga a cualquier maroma para controlar los hilos de la política.Pero no debe parecernos extraña la similitud:
Monagas es la primera representación redonda del personalismo venezolano y Hugo Chávez representa al personalismo de turno. –En su libro El divino Bolívar, usted se refiere a la liturgia creada alrededor del Libertador, pero ¿ha descubierto alguna frase o episodios de la vida de Bolívar que deliberadamente el Presidente haya citado mal?
–No creo que cite mal a Bolívar. Generalmente repite sus palabras de manera mecánica, gracias al apoyo de una memoria bien dotada. El problema radica en la interpretación de lo que repite como aplicado colegial. Aparte de que sólo se aferra a referencias fragmentarias sin relacionarlas con el contexto al cual pertenecen, suele usar los textos bolivarianos para arrimar la brasa a su sardina. Entonces comete excesos de anacronismo y superficialidad que no sólo chocan con una crítica histórica medianamente entrenada, sino también con el sentido común.

–¿Cómo reaccionan los estudiosos de la Historia que siguen al Presidente cuando esto ocurre?
–No creo que ninguno le enmiende la plana entre sus asesores relacionados con temas históricos.

Unos están casados para siempre con el profeta y no admiten la posibilidad del divorcio, debido a que le conceden la cualidad de la omnisciencia.

Otros simplemente no se atreven porque sienten temor ante el poder del único intérprete de unos textos considerados como evangelios.

Ninguno chista, la verdad sea dicha.

–¿La Acad! emia de la Historia no tendría que agradecerle a Hugo Chávez que haya estimulado el interés por el pasado de la patria?
–La Academia sólo le debe discusiones estériles que no han salido del salón de sus sesiones.

Aunque quizá también le deba una fama de prudencia digna de mejor causa.

–¿Quién fue en realidad Maisanta, que está presente siempre en los discursos del presidente Chávez?
–Maisanta fue un guerrillero más bien opaco que gozó de fama en los medios rurales durante el gomecismo, uno de tantos en el enjambre de campesinos pasados por la molienda de la dictadura.

Un personaje pintoresco que puede caber con comodidad en el espacio de las crónicas parroquiales, pero quien ha ascendido al olimpo nacional por el amoroso frenesí de su nieto.

–¿Ha sido consultada la Academia de la Historia en la reelaboración de los programas de enseñanza de la historia que está aplicando el Ministerio de Educación?
–La Academia no ha sido consultada.

–¿Advierte usted algún peligro de que la historia de Venezuela sea contada de manera que responda a los intereses del proceso?
–La revolución está empeñada en la fábrica de una memoria diversa de la sociedad. Chávez no quiere exhibirse como una caprichosa imposición personal, sino como el producto de los errores del pasado y como el vengador de un oprobioso ayer. De allí sus habituales incursiones hacia los tiempos idos, con el objeto de elaborar un insólito elenco de santos y villanos que conduzca a su desembocadura y a la preeminencia del ejército sobre el civismo. De allí su apología de las matazones del siglo XIX, sus machaconas referencias a la Independencia y su subestimación de! l trabaj o pacífico y silencioso que hizo la sociedad para construir el Estado Nacional.Ve la historia patria como la vio Cipriano Castro y como la vio Gómez: lanzas, espadas y gritos en reemplazo de la civilización morigerada.

–Si fuera verdad que el Presidente fuese una réplica de Bolívar, ¿qué lugar en la historia tendría José Vicente Rangel?
–Los hombres fuertes siempre han contado con un habilidoso segundón en la historia de Venezuela.

El problema es que nadie los recuerda, aunque la nómina sea casi interminable.Para salir del paso viene a mi mente Diego Urbaneja en su papel de “cirujano” de las negaciones constitucionales de Monagas, o José Rosario García acicalando las agallas de Gómez y su tribu.

–¿A cuál momento de la historia del país se asemeja éste que estamos viviendo hoy?
–La designación de Venezuela como República Bolivariana es una mutilación de la conciencia nacional, en la medida en que el bautismo constitucional reduce la evolución de la sociedad al lapso dorado de la Independencia y a la acción de un solo artífice. La designación echa a la basura el período colonial y los esfuerzos del pueblo luego de 1830, una escandalosa negación que la sociedad ha consentido, por desdicha.

–¿En qué consiste eso de la chavología en la que usted aparece involucrado?
–Pienso que la chavología debe ser una ciencia compartida, o una especie de deporte nacional, en la medida en que necesariamente refiere a la entronización de un personalismo en nuestros días. Quizá por eso se me considere chavólogo, aunque espero que apenas como parte de un enjambre de mirones perplejos e insatisfechos por la ausencia de republicanismo que imper! a en Ven ezuela.

–Hugo Chávez fue reelegido. ¿Cuánto tiempo puede un pueblo, según la historia, soportar o aceptar a un gobernante?
–La paciencia popular no se puede medir con exactitud. Duró 27 años con Gómez porque Gómez se murió. Pero en el primer descuido se desembarazó de Monagas después de una década oprobiosa, y a Pérez Jiménez lo soportó del 52 al 58 para darle una patada histórica. Los mitos políticos se gastan y los hombres fuertes se hacen débiles progresivamente, sin que podamos saber matemáticamente cuándo les llega la hora. En consecuencia, sólo me queda desear personalmente que sea más temprano que tarde, sin atreverme a ponerle fecha a un desenlace que, si juzgamos por el resultado electoral, no se avizora a la vuelta de la esquina.

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