martes, 30 de octubre de 2018



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VMGF--VENEZUELA--1936--2018--82 AÑOS DE LUCHAS GREMIALES Y SINDICALES--AL BASURERO--HECHO EN SOCIALISMO--UNO--

LECTURA PRINCIPAL ACTUALIZADA

Historia sindical de Venezuela 1813-1985




FUENTE: https://www.analitica.com/economia/historia-sindical-de-venezuela-1813-1985/


En tiempos de flexibilización de las relaciones de trabajo, cuando hasta un gobierno que se titula de revolucionario, como es el caso chavista, toma la ruta de la tercerización y las cooperativas, manera de obviar los beneficios sociales del trabajador; el libro del señor Celestino Mata (no lo conozco e ignoro si todavía vive, que así sea), nos mueve a decir que- tal diría un evangélico a su hermano- estamos en presencia de un varón del movimiento sindical venezolano. El hombre que se inició en los trabajos como marino mercante, el mismo que tuvo los guaramos que remitirle desde México al presidente de la república Medina Angarita una carta, en que señalaba las condiciones ambientales y salariales desfavorable del nativo, con respecto al extranjero; documento publicado por la prensa nacional que hizo revuelo, al punto que el autor fue llamado a Caracas, para confinarlo al oriente, luego pasar al Zulia internado en los campos petroleros; este baluarte del sindicalismo fue uno de los hombres, que coordinó en ese estado la huelga fallida del año 50, la cual si no es por la arremetida tipo GESTAPO de la seguridad nacional del dictador Marcos Pérez Jiménez, pudo abreviar el tiempo de la ignominia institucional del gochito lujurioso. Pero Celestino no baja la guardia ni en tiempos de la democracia, su actuación ejemplar se vuelve a demostrar en el año 69, cuando actúa como mediador desde su posición de presidente de Fetra-Falcón, ante el despido sin causa justificada de una treintena de trabajadores del antiguo Ministerio de Obras Pública. El gobierno de Caldera intransigente al reenganche de los afectados, éstos deciden irrumpir en la sede de la Asamblea Legislativa de esa entidad federal, el panorama se agrava para los huelguistas; es entonces que Celestino decide que el Comité Ejecutivo de la Federación de Trabajadores que representa, se sumen también a la huelga de hambre; en ese proceso sufre un ataque cardiaco, debe ser hospitalizado y su respuesta es tajante: De aquí me sacan muerto, no puedo defraudar a los trabajadores, me verían como un traidor. La reciedumbre de este hombre siempre fue ejemplo, mas allá de ser cierto, como me apuntaba un dirigente sindical adeco, que Mata siempre fue ficha de Carlos Andrés Pérez; realidad que no desmerita su pasado de lucha. Hombres como él también se encuentran en Valmore Rodríguez, individuo insigne que fue borrado en la propia historia adeca, quien toma exilio a Cúcuta, Colombia (1933); donde para ganarse la vida compró tres vaquitas, las cuales ordeñaba a las tres de la madrugada, camina casi diez kilómetros para llegar al mercado local, proceder a venderla y darle el sustento a sus hijos y mujer; o bien Augusto Malave Villalba, margariteño de oficio zapatero, quien emigra a Caracas, pone en jaque la dictadura gomecista organizando el movimiento obrero del ramo de la construcción; expulsado del país realiza una tarea titánica por la libertad sindical, ya anciano diseña el Banco de los Trabajadores y muere trabajando en Roma. Nada parecido con la burocracia sindical y hasta burguesía sindical que hubo y otra que trata de conformarse. Entre generalizaciones como la globalización, la apertura de los mercados, la idea de que son las bolsas de valores las que producen, la conexión en red, y otros procesos; todo se expresa en las organizaciones, objeto de estudio de la administración. En esta rama del conocimiento social, el hecho trabajo pasa de igual modo a generalizaciones en las últimas décadas, por lo que aparecen categorías difusas como capital y talento humano, competitividades del futuro prospecto trabajador, convertido por arte de magia en consocio intelectual de la empresa o entidad pública; por ello no es extraño que el enfoque técnico y menos científico, haya fenecido y en su lugar se observa el asalto a la consultaría y asesora organizacional de hombres como el autor de Quien se comió mi queso, o bien el seudo filósofo Fernando Savater con presentaciones tipo Al Gore, presentando conferencia en torno a La ética en los negocios. En ese panorama, la realidad trabajo- casi siempre contradictoria- se escamotea por el discurso, que no el análisis gerencial. La productividad al boleo es de hace más de una década la consigna en el mundo del trabajo; sin que por ello se aquieten las luchas obrero-patronales, situación que de seguro emergerá con creces en la actual crisis de la economía de cambio, véase el derrumbe financiero-inmobiliario en los Estados Unidos y la reciente caída en Grecia, con resonancia en España y otros países europeos; imponiéndose la terapia de recorte del gasto social y baja de los salarios. Todo esto hace recordar, como lo hace Celestino Mata, el vía crucis del movimiento obrero en sus diversos ámbitos. Será en la Inglaterra, país donde fuerzas productivas tomaron ribetes de ascenso, que hizo posible el capitalismo industrial, espacio geográfico para que el trabajador comenzara sus luchas de modo medio sistemático; donde el movimiento sindical toma verdadero empuje; de ello da fe la hegemonía todavía hoy en la política del Partido Laborista Inglès. Una referencia, quizás la primera, es la lucha por la rebaja de la jornada de trabajo por parte de los hilanderos de Nottingman en el año 1825; para ya en el año 1833 haberse constituido los Trade Uniòns, en que los trabajadores de Manchester deciden no trabajar más de ocho horas diarias y exigen el salario íntegro de un día; en solidaridad le siguen los trabajadores de Londres, quienes van a huelga por la reducción de las horas de trabajo., hasta que se logra una legislación de ocho horas de labor. Estos logró serían arrasados en el mismo año de 1833 en Inglaterra, cuando los patronos con el apoyo del gobierno desatan una represión contra el movimiento obrero, que hace que zozobre la Unión General de Obreros. Las luchas continúan; el industrial Gardner haciendo trabajar a los obreros once horas en vez de catorce, corrobora que la productividad no disminuye. Lucha más, luchas menos, en 1844 entra en vigencia una ley, la cual reduce a siete horas la jornada de niños menores a 13 años y a doce a las mujeres de 18 años; pero la agitación obreril alcanzó su punto culminante los años 1846-1847, cuando se logra la ley de las diez horas votada por el parlamento el 8 de junio de 1847. De ese modo la cuna del capitalismo logró la primaria acumulación de capital: Con la sobreexplotación del obreros con jornadas de trabajo superiores en promedio a doce horas. La lucha obrera inglesa tuvo repercusión en la Francia. La edulcorada nación de los arribistas intelectuales, resulta que sus obreros eran forzados a trabajar catorce horas diarias; lo que impuso el llamado a huelga a través de comités de obreros de Calais, Lile y San Quintín y los carpinteros de Pecz y los de Caen, año de 1833; cuyo logro fue la disminución de la mencionada jornada de trabajo. Por red los joyeros de Paris reclaman la reducciòn de su respectiva jornada a doce horas y en 1843 los tipógrafos logran en negociación con los patronos una jornada de 10 horas. El efecto dominó del movimiento obrero europeo, hizo parecidos logros de reducciòn en países como Suiza, Italia y Suecia y hasta en la prolongación inglesa en el continente americano: Los Estados Unidos; en este país la pugna por la reducciòn de la jornada de trabajo se inicia en 1827 con la huelga de los carpinteros en Filadelfia, quienes arrastraron en solidaridad a los obreros gráficos, vidrieros y albañiles. Los empleados federales y los obreros de arsenales obtuvieron en 1840 la jornada de diez horas. En Massachussets y Connecticut, se adoptó en 1842 leyes que prohibían el trabajo de los niños por más de diez horas de trabajo. En 1873 una crisis económica hace su entrada en la economía norteamericana, los obreros como siempre cargan el peso para superararla; lo genera las revueltas de Tompkins Square, en Nueva York, en el año 1874, tres años después se presencia la huelga de los mineros y los ferrocarriles (1877); luego vendrá la influencia anarquista y socialista en la organización sindical norteamericana, lo que impuso con sangre que el Congreso votara en el año 1868 la ley Ingersoll, que legalizaba la jornada de trabajo de ocho horas. La fiebre revolucionaria ardía en gran parte de los trabajadores norteamericanos, lo que hace posible que en 1881 se constituya en Pittburgh la Federación de Trade Unions, que poco después se convertiría en la Federación Americana de Trabajo (A.F.L.). La ruta sería el acontecimiento histórico del primero de mayo, que tuvo como antecedentes los sucesos de Milwauke, su detonación con el despido de 2000 obreros en la fábrica Cryrus MacCornick y la consiguiente matanza por parte de la policía. Sin clemencia la justicia norteamericana pide horca para la mayoría de los indiciados, pero no culpables: Adolfo Fischer, Augusto Spies, Luís Lingg, Oscar W. Neebe, Samuel Fielden, Miguel Schwat, Jorge Ángel y Alberto Parsons, un 11 de noviembre de 1887; lo que hace que el Congreso Obrero Socialista de Paris del año 1889 fije como jornada internacional el 1ero. de Mayo. Hoy cuando el Obama refinancia a los culpables de la crisis, nada dice sobre cómo integrar a los trabajadores despedidos por el estallido financiero; sobre recibe embates del conservadurismo por una tímida reforma social, atinente a la medicatura para los trabajadores gringos. El caso europeo se observa un supuesto socialista a lo Zapatero implantando una reducciòn de salario a los funcionarios públicos y disminución de las partidas presupuestarias del gasto para la seguridad social. La conclusión en este recorrido histórico es clara: La lucha obrera continúa. En el caso latinoamericano, entidad geográfica que casi siempre viene de la cola de los grandes y de modo tardío; su movimiento obrero estuvo en sus inicios coordinado por anarquistas y socialistas, por lo general, venidos de Europa. Entre gremios de zapateros, tipógrafos, sociedades mutualistas, se impone en el año 1921 la creación de la Confederación Panamericana del Trabajo, entidad influenciada por Samuel Campers, quien como miembro de la A.F.L. Norteamericana, propuso la realización en 1918 de un congreso de la misma, con la asistencia de delegados por parte de México, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Guatemala. En ese lucha y división de movimiento obrero aparece en 1938 la Confederación de Trabajadores de América Latina (C.T.A.L.), previa a éste había fenecido en 1936 la Confederación Socialista de Latinoamérica (C.S.L.A.). La lucha ideológica entre los norteamericanos y los rusos, también influye en el movimiento sindical latinoamericano, ello explica como en el congreso celebrado por la Confederación Interamericana de Trabajadores en la Habana en 1949, la misma se divide, creándose la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas, de corte peronista y la CLASC, de tendencia socialcristiana; de ese modo la Confederación de Trabajadores de América Latina en el año 1956 comienza su decrepitud, para que desde entonces el sindicalismo latinoamericano quede dividido entre la O.R.I.T. y la C.L.A.S.C. La Venezuela rural, colonial y semicolonial, vendría a conocer el movimiento obrero con mucha lentitud; no se olvide que, por desgracia, todavía se sigue siendo país subdesarrollado, es decir, nación con sus fuerzas productivas abortadas. En todo caso, la historia sindical señala atisbos de regulación del trabajo hasta en las leyes de indias, cuando los juristas españoles imponían a regañadientes ciertas restricciones al amo peninsular; pero en lo concreto práctico, esto finalizaba siendo burla, sintetizada en esa expresión todavía vigente de Se acata pero no cumple. Una industria rupestre de tipo textil, la desaparecida empresa de telegrafistas, la construcción siempre presente, junto a gremios de zapateros, sastres, carpinteros, ebanistas, impresores, peluqueros y cantineros, quienes se arropan en gremios y montepíos; serán los pioneros para la organización sindical. Según los estudiosos lo que puede considerarse la primera huelga de trabajadores en Venezuela, se dio el 26 de marzo de 1813; cuando los trabajadores de la construcción de Caracas piden un aumento salarial. No obstante que se dio un aumento, no lo aceptan y el conflicto estalla el 4 de noviembre, quedando la obra paralizada. Mas la primera huelga moderna en la nación se dio en marzo de 1914, con los obreros de la estación central de Telégrafos de Venezuela, quienes reclamaban reivindicaciones salariales; esta acción tuvo solidaridad en los telegrafistas del oriente; el movimiento se extendió a Valencia, Río Chico, Barquisimeto, Maracaibo y Trujillo, para que la ferocidad del Juan Vicente Gómez reprimiera el movimiento huelgario, aprehensando primero a los lideres de la estación de Cumanà y Carúpano, y, después, al grueso de dirigentes. Sigue resaltando Celestino Mara la gran importancia para el movimiento sindical del país, la huelga que estalló el 3 de julio de 1918 en Aroa, capital del distrito Bolívar, Estado Yaracuy. Los obreros del ferrocarril inglés The Bolívar Railway Company Limited; desafiando estos pioneros del sindicalismo venezolano a la dictadura gomecista, y ante la intransigencia de la patronal, descarrillaron los trenes de carga que hacían el trayecto El Hacha, Cayere, Estado Lara, El Alambique, Palma Sola, Estado Falcón, lo que hizo que se buscara un arbitraje y se lograra el aumento exigido; sin dejar de mencionar que algunos dirigentes fueron enviados al Castillo Libertador de Puerto Cabello. En el trayecto de lucha se tiene que el primer contrato colectivo de trabajo, que se firma en Venezuela, es el representado por la empresa alemana Krupp, del Ferrocarril de Venezuela y sus obreros, no obstante, no existir para la época un código de trabajo; sino a lo sumo una Ley de Talleres y Establecimientos Públicos, que databa del 26 de junio de 1917 y que, en ninguno de sus articulados indicaba la fórmula de discusión contractual. Señala Mata que las primeras leyes laborales que aparecen en Venezuela se relacionan con la explotación de minas, caso de la ley de minas del 13 de marzo de 1883, en la que se faculta al inspector de minas a impedir desordenes entre los trabajadores y proteger a las empresas contra motines y asonadas, pudiendo, a los efectos, pedir auxilio de la fuerza pública. En esa tónica el Código de Minas del 30 de junio de 1891 obligaba al ingeniero inspector de obras a intervenir en las huelgas, averiguar sus causas y actuar como conciliador, sino había solución se le autorizaba a solicitar la fuerza pública para la conservación del orden. El reglamento del mismo sector ratificaba más o menos lo mismo, sin que el obrero tuviera apoyo en alguna institución pública; pues, los conflictos obreros-patronales serían decididos por árbitros nombrados en presencia de autoridades. Así se tiene que los descansos semanales y trabajo de mujeres y niños, sólo se aplicaba en algunos estados o algunas industrias. Otra ley que esbozaba algunas ideas sobre el trabajo era la Ley de Talleres y Establecimientos Públicos de 1917, hasta que fue derogada por la primera Ley del Trabajo el 23 de julio de 1928, por ironía, un año antes de la crisis financiera de Nueva York. La ley de trabajo gomecista aunque en lo práctico concreto no se aplicaba, a ello se le agrega ser muy draconiana, puede decirse que era una ley patronal. En primer término, su artículo 1 señalaba que “la violación de los compromisos lícitamente contraídos de trabajar, o interrumpir el trabajo en determinadas circunstancias, sólo dará derecho a la correspondiente indemnización de daños y perjuicios. La intervención oficial es de tipo represivo, pues, el Ministerio de Relaciones Interiores mediante un servicio especial, actuaría para todo lo relativo al trabajo. Se mantiene las nueve horas de trabajo, indicándose que cualquier hora del día y de la noche son hábiles para el trabajo. El accidente de trabajo, por lo general, se remite al derecho común; por lo que la indemnización por accidente o contracción de enfermedad por el trabajador, que le genere la muerte, sus herederos sólo tendrían derecho a una indemnización igual al salario de dos años; señalándose que no estaba garantizado el salario mínimo, ya que la contratación del trabajo era de tipo liberal, es decir, sólo intervenían el trabajador y empresario. Sin seguridad social oficial y menos un instituto médico avalado por el estado, la empresa imponía los dictámenes en caso de enfermedades y accidentes, con su médico empresarial; sin que el trabajador pudiera objetar el dictamen del galeno con el aval de otro especialista. El derecho a huelga era existente, y si los trabajadores paralizaban las labores no tendrían derecho al reenganche; por lo que los empresarios podían cerrar sus empresas y despedir a todos o algunos de los trabajadores, si no lograban avenirse en las demandas obreriles; para colmo los Presidentes de Estados y los Gobernadores del Distrito Federal o de los Territorios Federales actuarían como árbitros en algunas hechos laborales. Como remate las asociaciones tanto de patrono como de obreros, en ningún momento podían aliarse con organismos internacionales. El dejar hacer, dejar pasar en materia laboral era la nota, tal lo pregona en la actualidad el Centro de Orientación Económica en aras de la productividad, la calidad y la metafísica empresa. Una ley promulgada un año antes de la crisis financiera del 29, no pareciese del todo gratuito; más allá de lo draconiana como se ha apuntado. En esa realidad, se arrecia la lucha política, la cual tiene su síntesis en el Plan de Barranquilla (22 de marzo de 1931), en que un grupo de exiliados políticos, sindicalistas e intelectuales, fijan posición sobre los elementos mínimos para enrumbar la nación hacia la modernidad. Hombres como Rómulo Betancourt, Valmore Rodríguez y Raúl Leoni, entre otros, destacan en su firma; sin dejar de mencionar la critica supuestamente revolucionaria marxista del Miguel Otero Silva, el mismo que trata de demoler la posición mesurada del Tigre de Tacarigua, mientras me imagino escribía su novela Casas Muertas en su palacete en Francia. Haciendo digresión, pienso que la inquina de un periódico como el Nacional en la actualidad contra el proceso democrático; mucho debe provenir de ese pensamiento seudo revolucionario pequeño burgués de su fundador, hombre aliado a los izquierdistas de toda laya; que corona con su hijo, quien asesorado por mujiquitas como Simón Alberto Consalvi, hombre sin moral; crea un llamado Bloque Democrático y se vende como el paladín del periodismo veraz. A quienes interese ver foto del mencionado Otero hijo, haciendo de drop out en la llamada República del Este, inaugurada por otro depravado como lo fue el difunto Caupolicàn Ovalle; busque el libro del Fausto Masò: Sabana Grande es un fiesta. Dicho programa se hace pertinente transcribirlo y comentarlo con referencia al proceso chavista, que por desgracia, vive el país. Se plantea desde su comienzo que sean Hombres civiles los llamados a gerenciar la cosa pública; el planteamiento es unánime: la exclusión militar en los mecanismos administrativos del estado y del gobierno, como también cese del caudillismo militar. Triste decir que el ideario de Betancourt de que acabáramos con el Complejo Varguiano, en otras palabras con el miedo cultural a vivir en un verdadero sistema democrático, fenece ante el avasallaje autoritario militar que impone el nieto de Maisanta, sin que el país reaccione. La libertad de expresión del pensamiento, de igual modo se mantiene si no coartada si vigilada; cualquier expresión, gesto o palabra, que sea descodificada por los funcionarios del CONATEL, junto a la iracundia presidencial, son suficientes para que usted pase a prisión, caso del Osvaldo Álvarez Paz, individuo con quien no tengo ni la menor afinidad; pero no se le puede negar que desde su conservadurismo es bien claro. Un tema como la confiscación de bienes de Gómez y sus acólitos; aquí en la Venezuela postchavista habrá que trabajar bien duro para hacer que la Boliburguesìa le devuelva lo tomado al tesoro público nacional. De igual modo se hablaba en el programa de la creación de unTribunal de Salud Pública, el cual investigaría y sancionaría el nepotismo gomecista; en el caso actual es notorio la hegemonía de la familia presidencial y de muchos de sus ministros, que junto a la oligarquía militar creada, dominan el país como un feudo seudo revolucionario. El punto de inmediatos decretos protegiendo las clases productoras de la tiranía capitalista; en la realidad del momento se podría parafrasear como inmediatos decretos protegiendo las iniciativas privadas empresariales y comunitarias y hasta del inversionista proactivo internacional; desmadrados por la Economía de Emirato, impuesta por el Socialismo del Siglo 21. La intensa campaña de desanalfabetizaciòn de las masas obreras y campesinas, se cambia por la urgente desideologización populista chavista; los medios de comunicaciones oficiales deben necesariamente ser controlados como se controla los privados. El abuso oficial ya es sideral, los mismos finalizaron siendo puente para la programación del partido oficial. A tono con esto el proceso educativo debe ser replanteado, no se puede seguir formando profesionales en las áreas tradiciones liberales, mientras como ayer la enseñanza técnica industrial y agrícola, agrego la científica-tecnológica, son inexistentes. La revisión de los contratos y concesiones celebrados por la nación con el capitalismo nacional y extranjero, en la era chavista debe cambiarse por la revisión de los contratos petroleros y mineros efectuados con el transnacionalismo multipolar; el ciudadano presidente firma que firma contratos, sin que el país sepa cuáles son las cláusulas de los mismos; cuando se sabe que naciones como la India, China, Cuba e Irán, no se caracterizan precisamente por respetar, por ejemplo, el derecho laboral; ello sin contar las implicaciones de carácter financiero, si los contratos son llave en mano y demás aristas, que verdaderos abogados en la materia nos podrían esclarecer. No sé si como apuntaban los pioneros democráticos de este plan, se debe ahora impedir la contratación de préstamos internacionales, pero no se puede negar que la hacienda pública es un desorden. El mandatario nacional durante su gestión ha manejado recursos económicos superlativos, dejado sin autonomía el Banco Central de Venezuela, usado las reservas internacionales, tipo Fondem, a su criterio personal; para finalizar rematando la Faja Petrolera del Orinoco, en todo caso, se debe llamar especialistas de la materia como el economista Pedro Palma, uno de los autores del libro 1976-1985 Diez años de la industria petrolera nacional; Aspectos económicos-financieros, para que de su consideraciones desde la Academia Nacional de Ciencias Económicas. En lo atinente a la nacionalización de los servicios públicos, casi inexistentes para la época gomera; lo real concreto hoy es su no operatividad, las hidrológicas mantienen amplios sectores de la población sin agua, la energía eléctrica ya sabemos como la padecemos, hasta los servicios policías son una mascarada; por lo que el trabajo mixto, bien empresas privadas, entidad oficial, o comunidad verdaderame organizada con talento y meritocracia, con sus cooperativas u otra forma jurídica organizativa, debe ser la nota para respirar servicios accesibles, higiénicos y seguros; sin perder de vista el control fiscal de los mismos en función de un estado social y de derecho. Y ante un Mesa Democrática que es más de lo mismo, se impone como lo hicieron aquellos varones y heroínas la creación de un Comité Pro-Frente Popular Venezolano. Una Venezuela feudal y gomera vive lejos de acontecimientos como la creación de la Organización Internacional del Trabajo el 11 de Abril de 1919, realidad que no impide que se geste la primera huelga petrolera nacional en junio de 1925, liderada por el fogonero Augusto Malavè, en Mene Grande, Estado Zulia, paro que duró dos semanas, lográndose un aumento de dos bolívares para la época. En esa dinámica el insigne político y sindicalista, menos conocido en su talento de escritor literario, Don Valmore Rodríguez, desde el año 1933 en Colombia, trabaja por la organización obrera, hombre que fue voz cantante en la huelga pautada para el sábado de diciembre de 1936, cayendo preso junto al eximio comunista Rodolfo Quintero; no obstante, la dictadura continuista gomera, en la persona del López Contreras, el mismo que le entregó a Colombia 104 mil kilómetros del territorio nacional. La lucha obrera petrolera continúa y se prolonga en la fallida huelga pautada en el año 1950, en plena dictadura del arco Pérez Jiménez, en la cual tuvo figura destacada en el Zulia, el autor del libro comentado Celestino Mata. No se sería justo no comentar la posición patronal petrolera ante el documento pliego impuesto por los trabajadores de la industria ante el Ministerio del Trabajo (2 de mayo de 1946), presidido para la época por Don Raúl Leoni, quien llegaría a ser presidente de la nación. Señalaban los empresarios transnacionales que la convención colectiva para que surta sus efectos, debería enmarcarse en el derecho del trabajo; pareciese que los patronales prevìan la creciente politizaciòn sindical, que la hacia desbordarse de sus objetivos en pro de los trabajadores. Tambièn apuntaban que el contrato colectivo debìa señalar demandas equitativas, justas y equilibradas, a fin de evitar conflictos laborales; por lo que previo a la discusión del contrato colectivo, se imponía una mesa de trabajo para demostrar que el mismo se ceñía a los principios del derecho del trabajo; de modo colateral se refería a que los sindicatos debían estar legalmente constituidos y la persona o personas designadas para la discutir el contrato, tener la debida autorización de sus afiliados; el contrato debìa ser por tiempo limitado y aunque el empleo es un derecho del trabajador, es potestad de la empresa emplear a quien se necesita en función del cargo y las competencias que el mismo exige; la necesidad de recurrir al mecanismo de las relaciones industriales ante que al paro sin aviso; como también el señalamiento de que la empresa no tiene obligación de subsidiar el mantenimiento y operatividad del sindicato, eso es cosa de los trabajadores. Y finalmente aunque el prospecto contrato colectivo señale cláusulas sentidas por los trabajadores, no necesariamente la empresa las aceptaría, pues, la negociación debería estar encuadrada en la visión costo-beneficio de la organización y las aspiraciones de dignidad laboral del trabajador. Un sindicalismo petrolero que degeneró en mafias, donde las costras sindicales, la compra de puesto, la operación colchón de las mujeres del futuro trabajador, para lograr entrar en la industria; unos contratos colectivos a espaldas del país con un comisariato de boato y tantas otras serias y profundas desviaciones de ese movimiento sindical; nos alerta a la distancia sobre la pertinencia de la repuesta de aquellas petroleras al ministro Leoni, en un país donde el no cumplimiento de horario es la nota, el lunes de resaca, las comidas en horas de trabajo, el uso improductivo en la jornada de trabajo, la reticencia a la evaluación por desempeño en aras de un supuesto igualitarismo, la indiferencia a la formación, todo centrado en las cláusulas económicas, en si, una masa trabajadora, por lo general, alienada en su inmediatismo; impone replantearse muchas visiones sobre los llamados a ejercer la dictadura del proletariado. Recorrido histórico necesario para comprender cómo se gestó el movimiento sindical venezolano; nada de dádivas de empresarios y el gobierno, la represión y muerte fue el destino de muchos varones de la lucha obrera; mas el poder siendo como es una mujer demasiado bella, sólo un San Francisco o Buda, podrían resistirse ante ella, da como consecuencia que la dirigencia obrera le pase factura al proceso democrático, iniciado en 1958; que tiene como síntesis de degradación la figura del sindicalista petrolero Eleazar Pinto, quien lleva a la quiebra el Banco de los Trabajadores, para que él se diera el lujo de jugar al golf en el Lagunita Country Club. Una CTV. demolida en su casi totalidad, y ante un movimiento sindical gobiernero amparado en una supuesta Federación de Trabajadores Bolivarianos, no es más que un juego de rebatiñas como el presenciando el día primero de mayo del presente año en el Municipio San Francisco, Estado Zulia, donde el llamado Bloque del Sur arremetió contra la UNT, arrasando con expedientes y equipos de la inspectoria y las dependencias del Ministerio del Trabajo, ubicados 
en el Palacio de los Eventos. El fraccionamiento en diminutos toletes de las organizaciones de trabajadores, es el gran logro de la mentira revolucionaria chavista. En fin, el libro de Celestino Mata debería ser referencia para quienes se integran a la lucha obrera y para el ciudadano con sensibilidad social; o los empresarios y gerentes, que se hayan cansado de los talleres aburridos del talento humano en etéreo.
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EDICION,,TRANSCRIPCION..COMENTARIOS--LICENCIADO EN HISTORIA VICTOR MANUEL GRUBER DE FIGARELLI---UCV..ESCUELA DE HISTORIA--12 DE MARZO DE 1976--CARACAS--
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