Manuel Malaver
--(La Razón / www.noticierodigital.com)--
El Cisne Negro, Chávez y el impacto de la altamente improbable
11 Septiembre, 2011
No creo que el corredor de bolsa, investigador financiero, profesor de la cátedra de Incertidumbre de la Universidad de Massachusetts Amherst y “empirista escéptico” estadounidense de origen libanés, Nassim Nicholas Taleb, conozca mucho de un país del norte de América del Sur llamado Venezuela, y mucho menos que su actual presidente, Hugo Chávez, un teniente coronel que se sintió de pronto redentor, revolucionario, socialista, y destinado a dirigir los destinos de la república por largos 18 años o más, fue diagnosticado en junio pasado de un cáncer que no se sabe si es de colon, próstata o vejiga y que de tener consecuencias fatales dejaría su obra “apenas” comenzada y su reinado hasta el 2021 o 2027… definitivamente trunco.
opinan los foristas
Lo señalo porque de ser lo contrario, de tener noticias de Venezuela, Chávez y del cáncer que padece, estoy seguro que les dedicaría unas líneas en una apostilla que dicen publicará en meses sobre su obra ya clásica, “The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable” (The Random House Group), traducida al español como “El Cisne Negro: el impacto de lo altamente improbable (Paidos Ibérica. Barcelona) que conmovió la comunidad científica de Estados Unidos, Europa y Asia hace 4 años, se constituyó en una referencia para asomarse a los sucesos que condujeron a la crisis económica global del 2009 y se afirma llegó para que el flujo de los datos que anuncian las catástrofes históricas empiecen a leerse de ahora y para siempre de una manera absolutamente diferente.
La teoría del libro del profesor, Nassim Nicholas Taleb, (que es también miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York) puede resumirse de manera sencilla: algunas grandes crisis confunden, aturden, y tardan en prender la luz al final del túnel porque tienen un decurso, en primer lugar, “impredecible”; en segundo, “altamente improbable”; y por último, generan tal sorpresa, desconcierto y caos, que lograr que las aguas vuelvan a su cauce requiere riesgos, más crisis, e interminables marchas y contramarchas.
Conmoción que en el orden de los asuntos naturales y humanos solo puede compararse al nacimiento o aparición de un “Cisne Negro”, suceso igualmente “impredecible”, “altamente improbable” y tan “sorpresivo” que produce consecuencias cuyas sequelas se hacen sentir por largo tiempo en la comunidad científica, social y cultural.
Desde luego que para el investigador financiero, corredor de bolsa, y “empirista escéptico”, profesor Nassim Nicholas Taleb, las pruebas de su teoría pueden buscarse en la crisis financiera del 2009, que estalló en el cielo sereno de una época de auge sin precedentes de la economía, no dio señales de que un iceberg se aproximaba a chocar contra su casco, y, lo que es peor, fue tan sorpresiva que ya dura largos 2 años, se anuncia una nueva recesión, y no hay dudas que será más larga de cualquier otra que se haya conocido.
Pero, igualmente, el 11 de septiembre del 2001, como el atentado contra un príncipe en Sarajevo en 1914 que dio origen a la “Primera Guerra Mundial”, tienen características de “Cisnes Negros”; lo mismo que la caída del Muro de Berlín en 1989, y, últimamente, la rebelión de un grupo de países árabes-islámicos a favor de la democracia y la libertad en África del Norte y el Medio Oriente, y ¿por qué no? (digo yo), el cáncer que en junio pasado el diagnosticaron al presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Y aquí viene la artillería pesada de las 432 páginas del texto del profesor Taleb, pues remontándose a la griegos y romanos, pasando por la Edad Media, el Renacimiento y la revolución postindustrial, aterriza en pleno siglo XXI, cuyo establecimiento intelectual y académico, pero en especial a sus economistas e historiadores, acusa “de estar bien dotados para describir las causas de una crisis, de una guerra, o una revolución ya pasadas, pero en general son incapaces de anticiparlas”.
O sea, que tales “autoridades (Bildunssphilsters, engañabobos, como los llamaba, Nietzsche) son muy buenos para predecir los sucesos, pero de un modo retroactivo”.
“Distorsión que se alimenta” insiste Taleb “en un sesgo que nos empuja a sobreestimar el valor de las explicaciones racionales de los datos, a la vez que subestimamos la importancia de la aleatoriedad inexplicable de los datos. Existe una base genética y filosófica para entender lo mal preparados que estamos los humanos cuando nos enfrentamos a la incertidumbre y la aleatoriedad”.
Según Taleb, “la evolución no favoreció un tipo de pensamiento complejo y probabilístico, antes al contrario, somos muy rápidos en adoptar decisiones instantáneas apoyados en una mínima cantidad de datos o en teorías superficiales y carentes de solidez, tal vez (sugiere un divertido Taleb), porque quienes divisaban un león y echaban a correr por presuponer que todos los animales salvajes siempre comen seres humanos, tenían más probabilidades de sobrevivir que quienes preferían poner a prueba tal hipótesis de una manera experimental. Claro que hay leones de talante amistoso (como también hay cisnes negros), pero es preferible ser prudente y cauteloso de antemano que sufrir más tarde las consecuencias de semejante prueba (problema de la inducción)”.
“Además” sigue “existe un problema filosófico fundamental: la platonicidad o “falacia platónica”. Somos hijos de la escuela platónica que nos animó a preferir la teoría estructurada, ordinaria y comprensible a la desordenada y compleja realidad; por otra parte, nos inclina, asimismo, a seleccionar únicamente los hechos que encajan en nuestras teorías (falacia de las pruebas silenciosas) o cuando los hechos han tenido lugar, nos creamos historias post-hoc para que el hecho parezca tener una causa que no es sino una falacia narrativa”.
A estas alturas, Taleb la emprende “contra los “modelos de gestión de riesgos que se usan actualmente, y que han hecho ganar a algunos académicos su Nobel de Economía (Taleb cita expresamente a Robert C. Merton y Myron S. Scholes, promotores del fiasco del LCTM) que excluyen precisamente los eventos raros que aparecen de vez en cuando y cuyos efectos económicos pueden ser muy importantes”.
Estos académicos y muchos analistas cuantitativos “tranquilizan a los ejecutivos de las empresas, los reguladores y los inversores con una ilusoria sensación de seguridad que no tiene para nada en cuenta la aparición ocasional de cisnes negros que pueden dejar arruinados a más de uno”. Para Taleb “esta “falacia de la regresión estadística” que consiste en creer que la probabilidad de futuros eventos es predecible examinando acontecimientos de eventos pasados está muy arraigada entre los actores económicos, que tampoco entienden que la aleatoriedad estructurada que encontramos en los juegos de azar (teoría de probabilidades clásica) no se parece a la aleatoriedad que encontramos en la vida real”.
En otras palabras, que frente a la realidad, los hechos, lo impredecible, lo improbable, lo aleatorio, frente a los “Cisnes Negros”, estamos absolutamente inermes, desnudos, como Dios nos trajo al mundo, y sin otra alternativa o receta que refugiarnos en “el sentido común” que puede contener las vías para soportar los chaparrones y salir medianamente librados de ellos.
Y al detenerme en esta conclusión del texto del profesor, Taleb, se me ha ocurrido pensar en el “Cisne Negro” del cáncer que se le diagnosticó al presidente, Chávez, el 10 de junio pasado, que de acuerdo a la metódica de su teoría, cumple con las premisas para ser definido como tal, pues, 1) Fue impredecible 2) Altamente improbable; y 3) Ha suscitado tal sorpresa en su entorno y en él mismo que, desde entonces, el gobierno venezolano parece una nave a la deriva que avanza hacia un abismo del cual, no es que no se desviará, jamás regresará.
En cuanto a la primera y segunda premisas, podría argumentarse que rayaría en la locura que un ser humano no estuviese preparado para la probabilidad de ser “diagnosticado de cáncer” en un momento de su vida, pero ¿no es igualmente cierto que Hugo Chávez planificaba y actuaba como un ser “no humano”, como un superhombre o semidios destinado a escalar alturas, propósitos, y metas donde ningún otro venezolano o latinoamericano había llegado?
¿No es cierto, también, que conforme a su soberbia, arrogancia, egotismo o narcisismo, más bien se preparaba para morir en su lecho pasados los 100 o más años?
Todo lo cual explicaría “el shock”, que según él, lo sacudió, lo conmovió, lo trastornó, al ser informado por Fidel Castro “de que le habían detectado células cancerosas en su cuerpo”.
“Cuando Fidel me dijo el diagnóstico” le contó Chávez al entrevistador, José Vicente Rangel, en su programa de televisión “José Vicente hoy”, el domingo 7 de agosto “pedí retirarme a un baño solo, y ya entre cuatro paredes, lloré, y lloré como un niño, mientras me preguntaba: “¿Por qué a mí, por qué a mí, por qué a mí?”.
La respuesta es sencilla, diría el profesor Nassim Nicholas Taleb: “Pues, porque a pesar de los enormes progresos científicos del último siglo, estamos inmersos, como humanos, en lo impredecible, lo altamente improbable, lo aleatorio, en el estupor que nos genera sentirnos en su torbellino, y con poca o ninguna capacidad para fabricar milagros, reacciones sobrenaturales, y resultados voluntaristas”.
Chávez, en efecto, no está respondiendo con “sentido común” al “Cisne Negro” que se le ha atravesado en su plan de vida, no se está sometiendo a un tratamiento que lo recupere de su grave enfermedad, y más bien insiste en predicar que está sano, que puede seguir gobernando el país, cuando lo que está es desatando una ola de caos, anarquía e ingobernabilidad, que ya parece que no solo él, sino todo el gobierno, padece de un cáncer de tipo IV.
O sea qu,e exactamente como los presidentes de bancos de inversión, corredores de bolsa, especuladores, profetas, analistas de riesgo, economistas e historiadores que a 2 años del estallido de la crisis de 2009 siguen preguntándose: “¿Por qué a mí, por qué a mí, por qué a mí?”
Conjunto de artículos sobre temas variados de naturaleza política, social, económica, humorísticos, y filosóficos; publicados, o por publicarse en diferentes páginas web, o medios impresos; escritos por mi persona, o por otros autores; y que abarcan problemas relativos a Venezuela, América Latina, y el resto del mundo.
domingo, 11 de septiembre de 2011
JÓVITO ALCIDES VILLALBA: ANÉCDOTAS DEL ORO Y LA REVOLUCIÓN--ND, 11-09--11--
Jóvito Alcides Villalba
En: www.noticierodigital.com
Anécdotas del Oro y la Revolución
11 Septiembre, 2011
Decía Lenín en su articulo, “Acerca de la significación del Oro, ahora y después de la Victoria Completa del Socialismo”, (Tomo XII años 21 y 23 de sus obras completas, editadas por Progreso, Moscú, 1973), que más tarde o más temprano, en las ciudades del socialismo victorioso se usaría el oro para construir urinarios, “pipisoires”, como le dicen los franceses.
opinan los foristas
Esa aseveración de Lenín venía a cuento por las presiones de los radicales de izquierda, para quienes el dinero en general era el velo tras el cual se oculta la maldita plusvalía, la explotación del hombre por el hombre pues. Pedía esa gente la implantación general del trueque y la eliminación de dinero de fiducia. Creo que fue a partir de esta polémica cuando Vladimir Ilitch Ulianov escribió su famoso opúsculo “ El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
Tampoco Iosiff Visiaranovich (Stalin) complació a los izquierdistas y no solo mantuvo como respaldo de la circulación monetaria del Rublo Socialista, las ingentes cantidades de oro que se habían encontrado en las arcas del estado a la caída de los Romanov. Sino que, mas bien, las reforzó con las 500 toneladas del mal llamado oro de Negrín durante el conflicto civil español de 1936.
La propaganda franquista, dentro y fuera de España, intentó hacer ver que con ese traslado, el ministro de Finanzas, Negrín, se confabuló con el Primer Ministro Largo Caballero para entregar el Oro a la URSS, en pago de los suministros belicos y alimenticios pero, a espaldas del Presidente Azaña. Para ello los voceros de Franco manejaron la extendida ignorancia sobre las formas jurídicas españolas, interpretando y haciendo ver que un decreto, por su carácter de “reservado”, había sido firmado a espaldas del Presidente Azaña.
Mi profesor de Dibujo Técnico, en segundo año de bachillerato de la Academia Hispano Mexicana, en 1952, en México, el Coronel Julián Orcajo, llegó a confesarme: que él estuvo a cargo de la operación del traslado por tierra, desde las bóvedas del Banco de España en la plaza Cibeles en Madrid hasta los patios del puerto de Cartagena, donde entregó las 500 T al comandante soviético Alexander Mijailovich Orlov. Estos y otros relatos los repetía el profesor Orcajo en el Café Tupinamba de la Calle Bolívar de México DF, donde solían reunirse los refugiados políticos españoles y negaba que Azaña no hubiese estado enterado pues, según él, recibió dicha orden del propio Presidente Azaña.
Años mas tarde, ya en la década de los sesenta, el famoso y nada revolucionario General Charles De Gaulle, en su afán de cobrar supuestas humillaciones de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, asumió una actitud que hacia énfasis en la independencia de la política francesa durante la llamada Guerra Fría, la cual se desarrolló, fundamentalmente, en dos direcciones: la constitución de la llamada “Force a Frappe”, iniciativa militar para hacer presente a Francia en el club atómico y el intento fallido de regresar al Patrón Oro que había sido abandonado desde principios del S.XX.
Poco a poco, el alto General entendió que el Oro nunca más volvería a ser patrón de nada, precisamente por lo difícil de su traslado y los inmensos arbitrajes que se cobran al hacerlo de un sitio a otro.
Hoy por hoy, cuando se traslada Oro es, generalmente, para obtener la certificación de fineza, exigencia indispensable para que pase de ser un simple metal, a Oro Monetario.
No se entiende pues que un Oro que ya tiene la calificación de Monetario sea trasladado para que siga siendo Monetario, a menos que este loco pretenda usarlo para enchapar los urinarios de la Plaza Bolívar y otros sitios públicos.
El costo aproximado de una casita popular sin contar con el terreno, debe estar entre unos 12, o 15 000 Dólares por unidad. Divida 400 millones de Dólares (costo estimado del traslado hasta Caracas) entre esa cifra y obtendrá Ud que el número de casas populares que se están dejando de construir por la necedad de Chávez es superior a las 25 000 unidades.
Este es uno mas de los despropósitos por los cuales el prestigio de Chávez, es un prestigio que se fue.
alvilla8@hotmail.com
En: www.noticierodigital.com
Anécdotas del Oro y la Revolución
11 Septiembre, 2011
Decía Lenín en su articulo, “Acerca de la significación del Oro, ahora y después de la Victoria Completa del Socialismo”, (Tomo XII años 21 y 23 de sus obras completas, editadas por Progreso, Moscú, 1973), que más tarde o más temprano, en las ciudades del socialismo victorioso se usaría el oro para construir urinarios, “pipisoires”, como le dicen los franceses.
opinan los foristas
Esa aseveración de Lenín venía a cuento por las presiones de los radicales de izquierda, para quienes el dinero en general era el velo tras el cual se oculta la maldita plusvalía, la explotación del hombre por el hombre pues. Pedía esa gente la implantación general del trueque y la eliminación de dinero de fiducia. Creo que fue a partir de esta polémica cuando Vladimir Ilitch Ulianov escribió su famoso opúsculo “ El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
Tampoco Iosiff Visiaranovich (Stalin) complació a los izquierdistas y no solo mantuvo como respaldo de la circulación monetaria del Rublo Socialista, las ingentes cantidades de oro que se habían encontrado en las arcas del estado a la caída de los Romanov. Sino que, mas bien, las reforzó con las 500 toneladas del mal llamado oro de Negrín durante el conflicto civil español de 1936.
La propaganda franquista, dentro y fuera de España, intentó hacer ver que con ese traslado, el ministro de Finanzas, Negrín, se confabuló con el Primer Ministro Largo Caballero para entregar el Oro a la URSS, en pago de los suministros belicos y alimenticios pero, a espaldas del Presidente Azaña. Para ello los voceros de Franco manejaron la extendida ignorancia sobre las formas jurídicas españolas, interpretando y haciendo ver que un decreto, por su carácter de “reservado”, había sido firmado a espaldas del Presidente Azaña.
Mi profesor de Dibujo Técnico, en segundo año de bachillerato de la Academia Hispano Mexicana, en 1952, en México, el Coronel Julián Orcajo, llegó a confesarme: que él estuvo a cargo de la operación del traslado por tierra, desde las bóvedas del Banco de España en la plaza Cibeles en Madrid hasta los patios del puerto de Cartagena, donde entregó las 500 T al comandante soviético Alexander Mijailovich Orlov. Estos y otros relatos los repetía el profesor Orcajo en el Café Tupinamba de la Calle Bolívar de México DF, donde solían reunirse los refugiados políticos españoles y negaba que Azaña no hubiese estado enterado pues, según él, recibió dicha orden del propio Presidente Azaña.
Años mas tarde, ya en la década de los sesenta, el famoso y nada revolucionario General Charles De Gaulle, en su afán de cobrar supuestas humillaciones de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, asumió una actitud que hacia énfasis en la independencia de la política francesa durante la llamada Guerra Fría, la cual se desarrolló, fundamentalmente, en dos direcciones: la constitución de la llamada “Force a Frappe”, iniciativa militar para hacer presente a Francia en el club atómico y el intento fallido de regresar al Patrón Oro que había sido abandonado desde principios del S.XX.
Poco a poco, el alto General entendió que el Oro nunca más volvería a ser patrón de nada, precisamente por lo difícil de su traslado y los inmensos arbitrajes que se cobran al hacerlo de un sitio a otro.
Hoy por hoy, cuando se traslada Oro es, generalmente, para obtener la certificación de fineza, exigencia indispensable para que pase de ser un simple metal, a Oro Monetario.
No se entiende pues que un Oro que ya tiene la calificación de Monetario sea trasladado para que siga siendo Monetario, a menos que este loco pretenda usarlo para enchapar los urinarios de la Plaza Bolívar y otros sitios públicos.
El costo aproximado de una casita popular sin contar con el terreno, debe estar entre unos 12, o 15 000 Dólares por unidad. Divida 400 millones de Dólares (costo estimado del traslado hasta Caracas) entre esa cifra y obtendrá Ud que el número de casas populares que se están dejando de construir por la necedad de Chávez es superior a las 25 000 unidades.
Este es uno mas de los despropósitos por los cuales el prestigio de Chávez, es un prestigio que se fue.
alvilla8@hotmail.com
sábado, 10 de septiembre de 2011
CARLOS RAÚL HERNANDEZ: LAS IDEOLOGIAS TERRORISTAS RENIEGAN DE LA VIDA URBANA--EUD--10--09--11--
Sin City
Las ideologías terroristas de izquierda o de derecha, reniegan de la vida urbana, "Occidente"...
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | EL UNIVERSAL
sábado 10 de septiembre de 2011 12:00 AM
"Esas terroríficas y simbólicas torres
que hablaban de libertad, derechos humanos y humanidad... han desaparecido convertidas en humo". Bin Laden
El encargado de estrellar los aviones contra las Torres Gemelas hace diez años, Mohamed Atta, era un arquitecto egipcio obsesionado en retroceder la historia, que aborrecía la modestísima modernización del mundo musulmán. Se doctoró en Hamburgo con un proyecto contra natura: regresar un barrio en la ciudad siria de Aleppo a su origen, sin autopistas ni edificios altos en el entorno.
Sentía por las mujeres un genuino asco, -con particular aversión hacia las preñadas-, y por eso rechazó dar la mano a una profesora del jurado académico. Sólo se le conoció un romance de miradas con una palestina. En el testamento pide que ninguna mujer toque su cadáver ni visite su tumba. Su deseo fue ampliamente satisfecho al quedar vaporizado en la explosión.
Como su jefe Bin Laden, tenía animadversión hacia la vida, incluso la suya. Quienes tuvieron contacto con él -hotel, aeropuerto, autobús, taxi- no olvidan esa llamarada gélida de ira contenida y arrogancia asqueada que lo envolvía. Crispado, lívido, con un aura de odio y desprecio por lo humano que según un profesor "daba escalofrío".
Los revolucionarios en vez de cerebro y corazón tienen manuales con estrafalarias utopías y suelen destripar seres humanos en su nombre, para bien de los mismos seres humanos que destripan. Sufría además una de las patologías más aciagas, el moralismo, pues sus contagiados "hablan con labios fraudulentos y con doblado corazón" (Salmos 12-3).
Las ideologías terroristas de izquierda o de derecha, reniegan de la vida urbana, "Occidente", la globalización, que un apolillado lenguaje llama como Marx "capitalismo". El culto al pasado, "lo originario" y el rencor hacia la sociedad abierta, el cosmopolitismo, la modernidad, que rompe los lazos de la pequeña comunidad, la tribu freudiana, donde todos se conocen y se prestan una cabra para cualquier necesidad.
El padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, con ideas sacadas de un cangrejo, aborrecía las oleadas de gente inferior que caminaba por Bilbao o San Sebastián, "la invasión maketa". Abimael Guzmán rechazaba la influencia europea para regresar a la vida indígena de los Andes, y Andrew MacDonald, inspirador del terrorismo gringo en los 90, quería que sacaran negros, morenos y amarillos de EEUU.
Se culpa de la impronta antimoderna a Rousseau o a las letanías morales de Juvenal contra la corrupción de Roma. Pero el gen está en las más antiguas raíces culturales de la civilización. Es el mito de "la prostituta de Babilonia" que se aplica a cualquier ciudad en cualquier época: mujeres, alcohol, vida fácil, perdición. El Diluvio fue para ahogar los pecados al comienzo de la civilización urbana.
Yavhee le prometió a Abraham que perdonaría Sodoma y Gomorra si le mostraba apenas diez justos que no consiguió, y para colmo una turba quiso violar a dos ángeles enviados por Él a buscar a Lot. Ambas ciudades sufrieron fuego purificador. Luego Kafarnaún y Jerusalén arrasadas a sangre y fuego en castigo a sus perversiones.
Los comunistas chinos hicieron la revolución contra los grandes centros urbanos ("triunfo del campo sobre la ciudad") y pese al heroísmo de Shangai en su levantamiento, para Mao era el símbolo de la corrupción "capitalista" (el comercio en que se había basado desde siempre y se basa hoy la China) Tal vez porque en esa gran ciudad trabajó como actriz y prostituta "La manzana azul", Chiang-Chig, la esposa de Mao. Los jemeres rojos sacaron de Pohm Pehn casi la mitad de la población hacia el campo, y el Che Guevara se burlaba de los revolucionarios urbanos, despreciables "pequeñoburgueses".
New York necesitaba escarmiento. No en vano su Quinta Avenida es la expresión más perfecta de hasta donde puede llegar el hedonismo, el espacio donde los seres de un día han llegado a niveles más altos de libertad, riqueza, ostentación, resplandor. Centro universal de todo lo diabólico: mercado de capitales, confluencias étnicas, teatro, danza, gastronomía. Sayyib Qutub, (ejecutado por extremista en 1966) es el ideólogo fundamental de la Hermandad Musulmana. Fue a EEUU a estudiar inglés a fines de los 40 y asqueado le aplicó el concepto de "jahiliyya", nueva barbarie. Se convenció de que los musulmanes debían arrancar cualquier influencia externa pecaminosa. En Arabia los seguidores de Wahhab e Ibn Saud, los wahhabitas, entre ellos Osama Bin Laden, decidieron pasar a la acción: destruir Occidente.
@carlosraulher
Las ideologías terroristas de izquierda o de derecha, reniegan de la vida urbana, "Occidente"...
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | EL UNIVERSAL
sábado 10 de septiembre de 2011 12:00 AM
"Esas terroríficas y simbólicas torres
que hablaban de libertad, derechos humanos y humanidad... han desaparecido convertidas en humo". Bin Laden
El encargado de estrellar los aviones contra las Torres Gemelas hace diez años, Mohamed Atta, era un arquitecto egipcio obsesionado en retroceder la historia, que aborrecía la modestísima modernización del mundo musulmán. Se doctoró en Hamburgo con un proyecto contra natura: regresar un barrio en la ciudad siria de Aleppo a su origen, sin autopistas ni edificios altos en el entorno.
Sentía por las mujeres un genuino asco, -con particular aversión hacia las preñadas-, y por eso rechazó dar la mano a una profesora del jurado académico. Sólo se le conoció un romance de miradas con una palestina. En el testamento pide que ninguna mujer toque su cadáver ni visite su tumba. Su deseo fue ampliamente satisfecho al quedar vaporizado en la explosión.
Como su jefe Bin Laden, tenía animadversión hacia la vida, incluso la suya. Quienes tuvieron contacto con él -hotel, aeropuerto, autobús, taxi- no olvidan esa llamarada gélida de ira contenida y arrogancia asqueada que lo envolvía. Crispado, lívido, con un aura de odio y desprecio por lo humano que según un profesor "daba escalofrío".
Los revolucionarios en vez de cerebro y corazón tienen manuales con estrafalarias utopías y suelen destripar seres humanos en su nombre, para bien de los mismos seres humanos que destripan. Sufría además una de las patologías más aciagas, el moralismo, pues sus contagiados "hablan con labios fraudulentos y con doblado corazón" (Salmos 12-3).
Las ideologías terroristas de izquierda o de derecha, reniegan de la vida urbana, "Occidente", la globalización, que un apolillado lenguaje llama como Marx "capitalismo". El culto al pasado, "lo originario" y el rencor hacia la sociedad abierta, el cosmopolitismo, la modernidad, que rompe los lazos de la pequeña comunidad, la tribu freudiana, donde todos se conocen y se prestan una cabra para cualquier necesidad.
El padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana, con ideas sacadas de un cangrejo, aborrecía las oleadas de gente inferior que caminaba por Bilbao o San Sebastián, "la invasión maketa". Abimael Guzmán rechazaba la influencia europea para regresar a la vida indígena de los Andes, y Andrew MacDonald, inspirador del terrorismo gringo en los 90, quería que sacaran negros, morenos y amarillos de EEUU.
Se culpa de la impronta antimoderna a Rousseau o a las letanías morales de Juvenal contra la corrupción de Roma. Pero el gen está en las más antiguas raíces culturales de la civilización. Es el mito de "la prostituta de Babilonia" que se aplica a cualquier ciudad en cualquier época: mujeres, alcohol, vida fácil, perdición. El Diluvio fue para ahogar los pecados al comienzo de la civilización urbana.
Yavhee le prometió a Abraham que perdonaría Sodoma y Gomorra si le mostraba apenas diez justos que no consiguió, y para colmo una turba quiso violar a dos ángeles enviados por Él a buscar a Lot. Ambas ciudades sufrieron fuego purificador. Luego Kafarnaún y Jerusalén arrasadas a sangre y fuego en castigo a sus perversiones.
Los comunistas chinos hicieron la revolución contra los grandes centros urbanos ("triunfo del campo sobre la ciudad") y pese al heroísmo de Shangai en su levantamiento, para Mao era el símbolo de la corrupción "capitalista" (el comercio en que se había basado desde siempre y se basa hoy la China) Tal vez porque en esa gran ciudad trabajó como actriz y prostituta "La manzana azul", Chiang-Chig, la esposa de Mao. Los jemeres rojos sacaron de Pohm Pehn casi la mitad de la población hacia el campo, y el Che Guevara se burlaba de los revolucionarios urbanos, despreciables "pequeñoburgueses".
New York necesitaba escarmiento. No en vano su Quinta Avenida es la expresión más perfecta de hasta donde puede llegar el hedonismo, el espacio donde los seres de un día han llegado a niveles más altos de libertad, riqueza, ostentación, resplandor. Centro universal de todo lo diabólico: mercado de capitales, confluencias étnicas, teatro, danza, gastronomía. Sayyib Qutub, (ejecutado por extremista en 1966) es el ideólogo fundamental de la Hermandad Musulmana. Fue a EEUU a estudiar inglés a fines de los 40 y asqueado le aplicó el concepto de "jahiliyya", nueva barbarie. Se convenció de que los musulmanes debían arrancar cualquier influencia externa pecaminosa. En Arabia los seguidores de Wahhab e Ibn Saud, los wahhabitas, entre ellos Osama Bin Laden, decidieron pasar a la acción: destruir Occidente.
@carlosraulher
jueves, 8 de septiembre de 2011
ANTONIO COVA MADURO: ¿CUBAZUELA O VENECUBA?---ANALÍTICA,08-09-11--
Cubazuela o Venecuba
Antonio Cova Maduro
Jueves, 8 de septiembre de 2011
Una pregunta: si el régimen agónico de la Cuba actual no es capaz de que Yoanni Sánchez informe al mundo, hora a hora, sobre las malandanzas de sus esbirros ¿cómo es que serán capaces de tener control total de Venezuela
Desde que a Raúl Castro se le ocurrió la malhadada opinión de que Venezuela y Cuba éramos un solo país, nuestra oposición -sobre todo la que recorre presurosa y pertinaz los caminos y veredas de Venezuela y tozudamente se asoma en cuanta oportunidad hay- no ha dejado de anotar cualquier rasgo de amistad o de negociados que el chavismo hace con aquel moribundo régimen, para verse confirmada sobre la siniestra decisión de Chávez de transformarnos en una colonia cubana.
En esa onda se entendió -y por supuesto se sembró y asentó la alarma- el asunto de que sería una "empresa" cubana la que tendría a su cargo toda la identificación de los venezolanos. Fue una suerte que rápido se descubriera el carácter marrullero de la operación. El asunto era, en el más puro estilo latinoamericano -y con amplio historial en la Venezuela prechavista- un negocito turbio vagabundo: un gran sobreprecio en la subcontratación de una empresa mexicana que sería la que, en definitiva, haría el trabajo. Los cubanos se quedarían con los reales que estos torpes del régimen les regalan y ni idea tendrían de eso que llaman "Sistema Nacional de Identificación".
Desde ese entonces poco se ha oído hablar de esa "gran conspiración totalitaria"; y es una lástima, porque el desafortunado percance da para mucho. Para cosas cómo: ¿y cuál es esa empresa cubana en concreto?, ¿no será una más del vasto mundo que las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (el mayor empresario de la isla) que la gente de Raúl tiene más de 50 años creando y manejando?
Pero hay una pregunta de mayor empaque: si el régimen agónico de la Cuba actual no es capaz de que una hábil y valiente mujer como Yoanni Sánchez informe al mundo, hora a hora, sobre las malandanzas de sus esbirros ¿cómo es que serán capaces de tener control total de un país donde su isla cabe seis veces, y cuya renuente población triplica la de Cuba?
¿Y qué nos dicen los asustados denunciantes venezolanos sobre el reciente reconocimiento del gran líder de aquella revolución de que, "el modelo cubanono funciona ni siquiera para Cuba"? Pero es que, además, hay un asunto de eso que ahora llaman timing. En efecto, si este regalo caído del cielo para esa moribunda revolución es como el Maná de los judíos en la travesía que dirigiera Moisés, ¿para que arriesgarlo con tareas que ampliamente les sobrepasan?
Si Cuba hoy no logra evitar la sangría de médicos y otros técnicos que envía a esta supuesta Revolución, ¿cómo podría controlar hasta en sus mínimos pasos a más de 30 millones de reticentes venezolanos con Twitters y BlackBerrys a la mano?
¿Por qué entonces, en vez de caer víctimas de pánico social, la gente no se esmera en ver las lecciones que vienen de Siria, donde una brutal dictadura, provista de un vasto arsenal, puesto en manos de un ejército y policía política sanguinarios, es incapaz de sofocar una revuelta que no deja de crecer con todas las razones geopolíticas en contra?
Vistas las razones que dificultan el que Cuba pudiere transformar a Venezuela en su Angola particular (como si este continente pudiera tragarse semejante escenario), debemos pasar a las que, desde aquí, tornan muy cuesta arriba esas imaginadas pretensiones cubanas.
Este es un país sublevado, cuyo régimen no tiene real para responder a las demandas que recibe. Cuba tendría que echarse a cuestas la incompetente y glotona pandilla chavista que padece de una voracidad sin precedentes. Cuba tendría que dar la cara.
Pero también tendrían que hacerlo los "mandos medios" del Ejército venezolano, convertidos ahora en cipayos de una pequeña isla empobrecida. Serían un "ejército de ocupación" destinado a sofocar revueltas de sus paisanos en cada esquina, como las fuerzas imperiales de Napoleón, enfrentando al pueblo español.
Encima, para los venezolanos sería un espectáculo continuo de un manifiestoexpolio público el que los cubanos manejasen su riqueza petrolera, la que, de paso, ya no da para mantener a Bolivia y pronto tendrá que abandonar a su suerte a Nicaragua. Estamos en un punto en que los únicos países que pueden esperar algo de Venezuela son los países-empresa: Brasil y Argentina, y eso con pagos diferidos.
Un último asunto: el gran agente de Cuba en Venezuela, enfermó; y de una grave enfermedad. La plata que resta se la llevará la incierta curación de Chávez, el cáncer más caro de la historia de la medicina.
Y ese cáncer, termine como termine, puede concluir matando a Cubazuela.
antave38@yahoo.com
Antonio Cova Maduro
Jueves, 8 de septiembre de 2011
Una pregunta: si el régimen agónico de la Cuba actual no es capaz de que Yoanni Sánchez informe al mundo, hora a hora, sobre las malandanzas de sus esbirros ¿cómo es que serán capaces de tener control total de Venezuela
Desde que a Raúl Castro se le ocurrió la malhadada opinión de que Venezuela y Cuba éramos un solo país, nuestra oposición -sobre todo la que recorre presurosa y pertinaz los caminos y veredas de Venezuela y tozudamente se asoma en cuanta oportunidad hay- no ha dejado de anotar cualquier rasgo de amistad o de negociados que el chavismo hace con aquel moribundo régimen, para verse confirmada sobre la siniestra decisión de Chávez de transformarnos en una colonia cubana.
En esa onda se entendió -y por supuesto se sembró y asentó la alarma- el asunto de que sería una "empresa" cubana la que tendría a su cargo toda la identificación de los venezolanos. Fue una suerte que rápido se descubriera el carácter marrullero de la operación. El asunto era, en el más puro estilo latinoamericano -y con amplio historial en la Venezuela prechavista- un negocito turbio vagabundo: un gran sobreprecio en la subcontratación de una empresa mexicana que sería la que, en definitiva, haría el trabajo. Los cubanos se quedarían con los reales que estos torpes del régimen les regalan y ni idea tendrían de eso que llaman "Sistema Nacional de Identificación".
Desde ese entonces poco se ha oído hablar de esa "gran conspiración totalitaria"; y es una lástima, porque el desafortunado percance da para mucho. Para cosas cómo: ¿y cuál es esa empresa cubana en concreto?, ¿no será una más del vasto mundo que las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (el mayor empresario de la isla) que la gente de Raúl tiene más de 50 años creando y manejando?
Pero hay una pregunta de mayor empaque: si el régimen agónico de la Cuba actual no es capaz de que una hábil y valiente mujer como Yoanni Sánchez informe al mundo, hora a hora, sobre las malandanzas de sus esbirros ¿cómo es que serán capaces de tener control total de un país donde su isla cabe seis veces, y cuya renuente población triplica la de Cuba?
¿Y qué nos dicen los asustados denunciantes venezolanos sobre el reciente reconocimiento del gran líder de aquella revolución de que, "el modelo cubanono funciona ni siquiera para Cuba"? Pero es que, además, hay un asunto de eso que ahora llaman timing. En efecto, si este regalo caído del cielo para esa moribunda revolución es como el Maná de los judíos en la travesía que dirigiera Moisés, ¿para que arriesgarlo con tareas que ampliamente les sobrepasan?
Si Cuba hoy no logra evitar la sangría de médicos y otros técnicos que envía a esta supuesta Revolución, ¿cómo podría controlar hasta en sus mínimos pasos a más de 30 millones de reticentes venezolanos con Twitters y BlackBerrys a la mano?
¿Por qué entonces, en vez de caer víctimas de pánico social, la gente no se esmera en ver las lecciones que vienen de Siria, donde una brutal dictadura, provista de un vasto arsenal, puesto en manos de un ejército y policía política sanguinarios, es incapaz de sofocar una revuelta que no deja de crecer con todas las razones geopolíticas en contra?
Vistas las razones que dificultan el que Cuba pudiere transformar a Venezuela en su Angola particular (como si este continente pudiera tragarse semejante escenario), debemos pasar a las que, desde aquí, tornan muy cuesta arriba esas imaginadas pretensiones cubanas.
Este es un país sublevado, cuyo régimen no tiene real para responder a las demandas que recibe. Cuba tendría que echarse a cuestas la incompetente y glotona pandilla chavista que padece de una voracidad sin precedentes. Cuba tendría que dar la cara.
Pero también tendrían que hacerlo los "mandos medios" del Ejército venezolano, convertidos ahora en cipayos de una pequeña isla empobrecida. Serían un "ejército de ocupación" destinado a sofocar revueltas de sus paisanos en cada esquina, como las fuerzas imperiales de Napoleón, enfrentando al pueblo español.
Encima, para los venezolanos sería un espectáculo continuo de un manifiestoexpolio público el que los cubanos manejasen su riqueza petrolera, la que, de paso, ya no da para mantener a Bolivia y pronto tendrá que abandonar a su suerte a Nicaragua. Estamos en un punto en que los únicos países que pueden esperar algo de Venezuela son los países-empresa: Brasil y Argentina, y eso con pagos diferidos.
Un último asunto: el gran agente de Cuba en Venezuela, enfermó; y de una grave enfermedad. La plata que resta se la llevará la incierta curación de Chávez, el cáncer más caro de la historia de la medicina.
Y ese cáncer, termine como termine, puede concluir matando a Cubazuela.
antave38@yahoo.com
ÁXEL CAPRILES: LA CULTURA DEL MALANDRO--EUD, 08--09--11--
La cultura del malandro
Es un clima generalizado de excitación, cólera y rabia, transferido a hechos concretos...
ÁXEL CAPRILES M. | EL UNIVERSAL
jueves 8 de septiembre de 2011 12:00 AM
El malandro dejó de ser un delincuente curtido en la violencia de los barrios marginales para convertirse en una figura central y referencial de la cultura venezolana. Ya no es el joven agresivo, volado en crack, con una Smith & Wesson en la mano, el miembro de la banda los plateados o los morados que se impone y domina un territorio, sino un paradigma cultural alimentado y reforzado desde el poder. Más que un ser individual, es un prototipo conformado por una manera de hablar, un estilo retórico, una gestualidad, una relación con las normas, una forma de vivir y de concebir la sociedad. Es un estereotipo convertido en protagonista de un mito de agresión. La forma de vida de la violencia delincuencial, como la denomina el padre Moreno en su libro Y salimos a matar gente, se ha convertido en una imagen archivada en la memoria colectiva como marca de una particular idiosincrasia. El código de ética del malandro: el respeto, la rebeldía, el rechazo a toda norma que implique control, la resistencia a asumir la responsabilidad de los actos, no aceptar nada que pueda ser sentido como sometimiento, la sucesión de presentes desconectados en el tiempo, forman un código aceptado de irreverencia y prácticas de violencia.
Ese prototipo, modelo de aprendizaje e imitación, juega un papel crucial en la formación de los jóvenes venezolanos. Desciende desde las alturas del Poder Ejecutivo hasta la jefatura de las bandas y se convierte en un archivo de memoria constantemente activado por el clima de frustración y violación de normas, estrés ambiental y conflictos. La frustración es sistémica, producto de la constante insatisfacción de necesidades, la falta de cumplimiento de las expectativas y su incongruencia con los medios para alcanzar los niveles deseados de bienestar. Es un clima generalizado de excitación, cólera y rabia, transferido a hechos concretos que disparan la violencia. La figura del malandro recoge y expresa la iracundia y evita que la frustración sea atribuida al sistema político.
acaprile@ucab.edu.ve
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Es un clima generalizado de excitación, cólera y rabia, transferido a hechos concretos...
ÁXEL CAPRILES M. | EL UNIVERSAL
jueves 8 de septiembre de 2011 12:00 AM
El malandro dejó de ser un delincuente curtido en la violencia de los barrios marginales para convertirse en una figura central y referencial de la cultura venezolana. Ya no es el joven agresivo, volado en crack, con una Smith & Wesson en la mano, el miembro de la banda los plateados o los morados que se impone y domina un territorio, sino un paradigma cultural alimentado y reforzado desde el poder. Más que un ser individual, es un prototipo conformado por una manera de hablar, un estilo retórico, una gestualidad, una relación con las normas, una forma de vivir y de concebir la sociedad. Es un estereotipo convertido en protagonista de un mito de agresión. La forma de vida de la violencia delincuencial, como la denomina el padre Moreno en su libro Y salimos a matar gente, se ha convertido en una imagen archivada en la memoria colectiva como marca de una particular idiosincrasia. El código de ética del malandro: el respeto, la rebeldía, el rechazo a toda norma que implique control, la resistencia a asumir la responsabilidad de los actos, no aceptar nada que pueda ser sentido como sometimiento, la sucesión de presentes desconectados en el tiempo, forman un código aceptado de irreverencia y prácticas de violencia.
Ese prototipo, modelo de aprendizaje e imitación, juega un papel crucial en la formación de los jóvenes venezolanos. Desciende desde las alturas del Poder Ejecutivo hasta la jefatura de las bandas y se convierte en un archivo de memoria constantemente activado por el clima de frustración y violación de normas, estrés ambiental y conflictos. La frustración es sistémica, producto de la constante insatisfacción de necesidades, la falta de cumplimiento de las expectativas y su incongruencia con los medios para alcanzar los niveles deseados de bienestar. Es un clima generalizado de excitación, cólera y rabia, transferido a hechos concretos que disparan la violencia. La figura del malandro recoge y expresa la iracundia y evita que la frustración sea atribuida al sistema político.
acaprile@ucab.edu.ve
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lunes, 5 de septiembre de 2011
M. BAHACHILLE: ¿HOMBRES LIBRES; QUIÉNES?--EUD--05-09-11--
¿Hombres libres; quiénes?
MIGUEL BAHACHILLE M. | EL UNIVERSAL
lunes 5 de septiembre de 2011 12:25 PM
A Chávez le gustaría creer que en un tiempo o lugar lejano no existían hombres libres, y recientemente tampoco, hasta que él llegó al poder. Que la opresión y represión contra la mayoría de los humanos había sido la regla predominante sobre todo de regímenes opulentos. Queda por aclarar qué entiende por hombres libres. Valiéndose de las pseudo instituciones que ha creado, como ocurre en regímenes autocráticos, ha reservado el atributo de hombres libres para beneficio de una minoría privilegiada que se arroga el derecho de poseer la mayor cantidad posible del producto social. Los otros, la mayoría menos afortunada, harán uso del sobrante a efectos de garantizar la subsistencia del estatus quo.
Cuando este esquema trucado comienza a hacer aguas, como efectivamente lo está asintiendo el régimen, se recurre a legislaciones punitivas como por ejemplo el control de bienes y servicios privados. La escasez, reforzada por la coerción, es el instrumento regulador más confiable de los sistemas despóticos. Decía Sadam Hussein que era muy conveniente mantener al pueblo con un poquito de hambre. De allí la necesidad gubernativa de perfeccionar sus técnicas de requisas. Es vital para régimen inducir la animadversión al capitalismo pues con la aparición de la sociedad de mercado se desencadena una relativa emancipación personal y colectiva. El trabajador común comenzó a depender por completo de su salario derivado de un trabajo tangible. Ello, obvio, no conviene a la revolución.
¿Hombres libres? Promotores de la industria de la construcción, fabriles de calzados y ropas, productores agropecuarios y ganaderos, cementeros, fabricantes de bloques de arcilla y concreto, operarios de productos lácteos, agricultores de granos como café y arroz entre otros, procesadores del caucho y plásticos, embotelladores de bebidas, y cualquier otro organizador de actividades conexas con la atávica estructura empresarial del país, dejaron de ser libres ante un régimen hostigante empeñado en demolerlos. La ruina del otro es un periplo imperioso de la revolución para tener bajo su égida todo el sistema productivo. El Estado como único promotor y dueño.
¿Hombres libres? En otro ámbito, peatones, vecinos, transportistas, conductores profesionales o no, obreros, estudiantes, niños, vigilantes privados y públicos, familias enteras sobre todo las más humildes, dejaron de ser libres ante la preeminencia de bandos criminales que asesinan y delinquen impunemente ante la ojeada alucinada e ineficiente de los cuerpos policiales. El ingreso de 70 cadáveres a la morgue de Caracas el fin de la semana pasada así lo corrobora. ¿Es libre el ciudadano intimidado y casi paranoico obligado confinarse en su casa o, a riesgo, coexistir con una delincuencia eximida de castigo?
¿Hombres libres? Periodistas, editores, columnistas, opinadores, propietarios y directores de medios, reporteros, narradores, dejaron de ser libres desde el mismo momento que el régimen, además del cúmulo de leyes restrictivas que promulga con asiduidad, decide manipular las instituciones del Estado para inducir temor y castigo. Es visible el cambio de algunos editorialistas, sobre todo de radio y TV, que se han docilitado por el temor de ser penados si osan desviarse mucho de la línea trazada. La confiscación de equipos de RCTV y su cierre, el cerrojo a 34 emisoras de radio, clausura y reapertura del semanario 6to Poder, las sanciones pecuniarias a otros medios, son evidencias del aliento patibulario del régimen.
El dominio inicuo requiere de colosales registros bajo control de una enorme y profusa plataforma burocrática capaz de mantener el necesario control económico y político. De allí la proliferación de ministerios populares para... que ya alcanzan la treintena. ¿Son libres los ejecutores casuales de esas carteras? El abogado, médico, maestro, sacerdote, o de cualquier profesión, que actúa bajo los caprichos de un militar teatral, está condenado a ocupar un casillero oscuro en un organigrama con pocas opciones de desarrollo personal. ¿Cuál es el ámbito de progreso de esos burócratas en vigilia a la caza de la seña que, por disparatada que sea y a cualquier hora, articulará del jefe? Si están satisfechos con el confort de autos suntuosos escoltados por guardaespaldas y con otras gracias ocultas, evidentemente no son hombres libres.
Desde ya debemos abogar por el derecho a ser libres. El primer paso sería estimular el voto en el 2012.
miguelbm@movistar.net.ve
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MIGUEL BAHACHILLE M. | EL UNIVERSAL
lunes 5 de septiembre de 2011 12:25 PM
A Chávez le gustaría creer que en un tiempo o lugar lejano no existían hombres libres, y recientemente tampoco, hasta que él llegó al poder. Que la opresión y represión contra la mayoría de los humanos había sido la regla predominante sobre todo de regímenes opulentos. Queda por aclarar qué entiende por hombres libres. Valiéndose de las pseudo instituciones que ha creado, como ocurre en regímenes autocráticos, ha reservado el atributo de hombres libres para beneficio de una minoría privilegiada que se arroga el derecho de poseer la mayor cantidad posible del producto social. Los otros, la mayoría menos afortunada, harán uso del sobrante a efectos de garantizar la subsistencia del estatus quo.
Cuando este esquema trucado comienza a hacer aguas, como efectivamente lo está asintiendo el régimen, se recurre a legislaciones punitivas como por ejemplo el control de bienes y servicios privados. La escasez, reforzada por la coerción, es el instrumento regulador más confiable de los sistemas despóticos. Decía Sadam Hussein que era muy conveniente mantener al pueblo con un poquito de hambre. De allí la necesidad gubernativa de perfeccionar sus técnicas de requisas. Es vital para régimen inducir la animadversión al capitalismo pues con la aparición de la sociedad de mercado se desencadena una relativa emancipación personal y colectiva. El trabajador común comenzó a depender por completo de su salario derivado de un trabajo tangible. Ello, obvio, no conviene a la revolución.
¿Hombres libres? Promotores de la industria de la construcción, fabriles de calzados y ropas, productores agropecuarios y ganaderos, cementeros, fabricantes de bloques de arcilla y concreto, operarios de productos lácteos, agricultores de granos como café y arroz entre otros, procesadores del caucho y plásticos, embotelladores de bebidas, y cualquier otro organizador de actividades conexas con la atávica estructura empresarial del país, dejaron de ser libres ante un régimen hostigante empeñado en demolerlos. La ruina del otro es un periplo imperioso de la revolución para tener bajo su égida todo el sistema productivo. El Estado como único promotor y dueño.
¿Hombres libres? En otro ámbito, peatones, vecinos, transportistas, conductores profesionales o no, obreros, estudiantes, niños, vigilantes privados y públicos, familias enteras sobre todo las más humildes, dejaron de ser libres ante la preeminencia de bandos criminales que asesinan y delinquen impunemente ante la ojeada alucinada e ineficiente de los cuerpos policiales. El ingreso de 70 cadáveres a la morgue de Caracas el fin de la semana pasada así lo corrobora. ¿Es libre el ciudadano intimidado y casi paranoico obligado confinarse en su casa o, a riesgo, coexistir con una delincuencia eximida de castigo?
¿Hombres libres? Periodistas, editores, columnistas, opinadores, propietarios y directores de medios, reporteros, narradores, dejaron de ser libres desde el mismo momento que el régimen, además del cúmulo de leyes restrictivas que promulga con asiduidad, decide manipular las instituciones del Estado para inducir temor y castigo. Es visible el cambio de algunos editorialistas, sobre todo de radio y TV, que se han docilitado por el temor de ser penados si osan desviarse mucho de la línea trazada. La confiscación de equipos de RCTV y su cierre, el cerrojo a 34 emisoras de radio, clausura y reapertura del semanario 6to Poder, las sanciones pecuniarias a otros medios, son evidencias del aliento patibulario del régimen.
El dominio inicuo requiere de colosales registros bajo control de una enorme y profusa plataforma burocrática capaz de mantener el necesario control económico y político. De allí la proliferación de ministerios populares para... que ya alcanzan la treintena. ¿Son libres los ejecutores casuales de esas carteras? El abogado, médico, maestro, sacerdote, o de cualquier profesión, que actúa bajo los caprichos de un militar teatral, está condenado a ocupar un casillero oscuro en un organigrama con pocas opciones de desarrollo personal. ¿Cuál es el ámbito de progreso de esos burócratas en vigilia a la caza de la seña que, por disparatada que sea y a cualquier hora, articulará del jefe? Si están satisfechos con el confort de autos suntuosos escoltados por guardaespaldas y con otras gracias ocultas, evidentemente no son hombres libres.
Desde ya debemos abogar por el derecho a ser libres. El primer paso sería estimular el voto en el 2012.
miguelbm@movistar.net.ve
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sábado, 3 de septiembre de 2011
CARLOS RAÚL HERNANDEZ: SED DE SANGRE--EUD--03-09-11--
Sed de sangre
Soderbergh pierde la oportunidad de explorar un punto conmovedor en el final de la vida del Che...
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | EL UNIVERSAL
sábado 3 de septiembre de 2011 12:00 AM
Los doce años que Vlad El Empalador estuvo preso cerca de Budapest, ensartaba ratas y cucarachas y las ponía en las ventanas, para mantener la fama apocalíptica y espeluznar a sus carceleros, los asesinos de la Legión Negra.
Pese a los dantescos empalamientos de decenas de miles de seres humanos, incluso por faltas menores (infidelidades femeninas, robos) el Rey Matthias de Hungría que lo apresó, tuvo que enfrentar una ola de repudio ya que Europa veía a Vlad como un benefactor, un héroe contra los turcos, un defensor de la fe cristiana (hoy día el Padre de Rumania).
¿Por qué a lo largo de la historia, tantos monstruos gozan de popularidad y los celebran notorias figuras de la cultura? Ese misterio lo reedita la película de Steven Soderbergh sobre el Che, El Argentino (2008), con un reparto tricontinental impresionante: Benicio del Toro, Franca Potente, Matt Damon, Carolina Sandino, Edgar Ramírez, Julia Ormond. Protagonista y director declaran "desapasionamiento", "objetividad". Esas categorías no significan nada para el arte, pero una obra biográfica no puede torear hechos hasta ahora irrefutables de figuras tan connotadas como Guevara, Röhm, Wei Jingsheng o Beria. Sería una falsificación.
"Fusilamientos sí; hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando... nuestra lucha es una lucha a muerte". La aterradora frase de Guevara en las Naciones Unidas (11-12-64) con la que asume y banaliza el horror, resuena en la película como una garantía de no ocultar nada. Soderbergh parece fajarse con el tema y relata el paredón a dos guerrilleros, "Cuervo" y "Esteban", violadores y extorsionadores de campesinos. Venganza de los débiles ¿Un "buen fusilamiento"?
¿Dejar eso zanjado el asunto? El recurso es demasiado expedito y fácil para resolver a alguien autodefinido como "una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar", y que hace con su Walther P-38 lo que otros jefes militares suelen delegar en pelotones. Alrededor de una docena de estas ejecuciones envenenan su memoria.
En la Sierra Maestra desenfunda y liquida una y otra vez pobres campesinos sospechosos. Declara en 1958 a Agustín Alles de Bohemia, como una especie de Rimbaud artillado: "... asaltaré las barricadas y trincheras, teñiré con sangre mis armas y loco de furia degollaré a cuanto enemigo caiga entre mis manos".
En el sitio "El pedrero" se sale un momento de una reunión con dirigentes estudiantiles que habían subido a la Sierra a verlo, a acribillar dos supuestos soplones. Tiempo después a Juan Pérez, guajiro padre de tres niños. A otro le vuela la cabeza pese a que el tribunal presidido por Ramiro Valdés lo había absuelto por falta de pruebas.
La gloria de su "entrañable transparencia" es la toma de Santa Clara, y en ella la operación de descarrilar un tren blindado con tropas y armas. Pero lo cierto es que el comando del tren ya había pactado para entregar las armas a los rebeldes, por lo que el ataque fue una escabechina a mansalva, sólo para inventar la leyenda (que luego musicalizará Carlos Puebla).
Guevara recorría las calles de Santa Clara con la tropa, y el dirigente comunista Freddy Torres le soplaba "culpables" a los que ejecutaban in situ. Cuando Camilo Cienfuegos entró a la ciudad el día siguiente, exclamó... "!c..., aquí como que no quisieron bañarse con agua, sino con sangre... hay un muerto en cada esquina!".
Comienza la larga Temporada en el infierno. El Che es Jefe de la Comisión Depuradora de las Fuerzas Armadas en la Fortaleza de La Cabaña. Quien llegaba ahí, ya estaba virtualmente fusilado. Murieron cientos de hombres. Un caso escalofriante es el Tnte. José Castaño, cuya rectitud había hecho que lo apreciaran los rebeldes. Cuando Fidel Castro llamó al Che para ordenarle el indulto, ya éste había procedido a meterle dos tiros en la cabeza, adelantándose a la presión.
"Esos serán los fusilados de mañana" -dice Guevara a un interlocutor, cuando firma y entrega a un soldado mensajero una lista de nombres, varios de ellos con cruces al lado. El interlocutor, un amigo suyo le pregunta -"¿pero el juicio no es esta noche... como sabes cuáles serán"- "así son las cosas aquí", responde, el Che.
Soderbergh pierde la oportunidad de explorar un punto realmente conmovedor en el final de la vida del personaje: la ruptura con Fidel Castro que lo aleja de Cuba sin retorno, -como le cuenta a Mario Monje, jefe del PC Boliviano- para entender por qué más tarde Castro lo entrega a la CIA.
En 1957 le había escrito a Hilda Gadea, su mujer "... estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre". Murió ahogado en sangre.
@carlosraulher
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